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ALIMENTACIÓN Y SÍNDROME METABÓLICO

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ALIMENTACIÓN Y SÍNDROME METABÓLICO

ALIMENTACIÓN Y SÍNDROME METABÓLICO

El Síndrome Metabólico es un conjunto de factores de riesgo para diabetes mellitus tipo 2

(DM2) y enfermedad cardiovascular, caracterizado por la resistencia a la insulina e

hiperinsulinismo compensador asociados con trastornos del metabolismo de los

carbohidratos y lípidos, cifras elevadas de presión arterial y obesidad.

Según Sarafidis (2006), el concepto de SM no es nuevo, pues data desde hace

aproximadamente 250 años; asimismo, señala que el médico y anatomista italiano

Morgagni identificó la asociación entre obesidad visceral, hipertensión, aterosclerosis,

hiperuricemia, y episodios frecuentes de obstrucción respiratoria durante el sueño, y que

esta asociación multifactorial ha recibido numerosos nombres. Reaven (1988) menciona

que la Diabetes Mellitus (DM), la Hipertensión Arterial (HTA), y la Dislipidemia (DLP),

tienden a ocurrir en un mismo individuo en la forma de un síndrome denominado “X”, y

que la resistencia a la insulina constituye el mecanismo fisiopatológico básico. Además,

propuso cinco componentes: resistencia a la captación de glucosa mediada por insulina,

intolerancia a la glucosa, hiperinsulinemia, aumento de triglicéridos en las Low Density

Lipoprotein (LDL), disminución del colesterol de las High Density Lipoprotein (HDL), e

hipertensión arterial. Diferentes autores refieren que conforme pasa el tiempo, se han ido

agregando nuevos componentes a la definición inicial del síndrome X; éste, a su vez,

recibe diversas denominaciones como: síndrome X plus, cuarteto mortífero, síndrome

plurimetabólico, síndrome de insulinorresistencia, síndrome de OROP (dislipidemia,

resistencia a la insulina, obesidad e hipertensión arterial por sus siglas en inglés), entre

otras. López (2016), Rivera, Hernández, Aguilar, Vadillo y Murayama (2013), Ruano et al.

(2016), Soca (2009), Gómez, Ríos, Aguilar, Lerma y Rull (2005), Alberti, Zimmet y Shaw

(2005), Alberti, Zimmet , Shaw (2006), Kunstmann (2008).

En México, el aumento en la incidencia de obesidad en las últimas dos décadas ha sido

asociado al incremento en la incidencia y prevalencia de DM tipo 2; es importante

destacar que la obesidad y la insulinorresistencia participan en la fisiopatología de un alto

porcentaje de casos con dislipidemias (Rivera et al., 2013).

ALIMENTACION Y SINDROME METABOLICO

En primer lugar, se deben realizar modificaciones en el estilo de vida (disminución de

peso, dieta y actividad física) y solamente usar tratamiento farmacológico cuando las

medidas anteriores sean insuficientes.


La pérdida de peso tiene una importancia primaria en el manejo del SM. Esta reducción

de peso debe resultar de una menor ingesta calórica (con disminución de 500 - 1000

kcal/día) y de una adecuada actividad física que aumente las pérdidas energéticas,

además de una modificación de la conducta a largo plazo.

Existe evidencia suficiente de que las dietas con bajo contenido en carbohidratos son

capaces de mejorar la sensibilidad a la insulina, controlar el peso, la presión arterial y

reducir el riesgo cardiovascular. Mayor controversia existe cuando se comparan dietas

bajas en carbohidratos (LC) con dietas bajas en grasa (LF) en cuanto al control

metabólico, pero en general, se recomienda una dieta baja en grasas saturadas, grasas


trans y colesterol, reducción en la ingesta de azúcares simples y aumento en la ingesta de

frutas, verduras y cereales.

El índice glucémico (IG) se refiere a la relación entre el área bajo la curva de glucemia

tras la ingesta de un determinado alimento y el de un alimento control, (generalmente pan

blanco o 50 g de glucosa) y la carga glucémica de los alimentos (IG multiplicado por la

cantidad de carbohidratos - en gramos - de ese alimento y dividido entre 100). Paciente

con un elevado IG y alta carga glucémica se asocian a un peor control metabólico de la

diabetes tipo 2. La elevada ingesta de carbohidratos con alto IG puede aumentar la

resistencia a la insulina, y en cambio, el predominio de alimentos de bajo IG ayuda a

controlar la sensibilidad a la insulina.

El consumo de ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) favorece el control de la presión

arterial, la coagulación, la función endotelial y la resistencia a la insulina, teniendo efectos

beneficiosos en la prevención y tratamiento del SM. Por su parte, los MUFA (ácidos

grasos monoinsaturados) aumentan la expresión de genes antiinflamatorios, disminuye el

colesterol LDL y aumenta la concentración de ácido oleico en sangre y tejido adiposo.

La ingesta de fibra a partir de cereales no purificados se relaciona de forma inversa con la

insulinorresistencia y, por lo tanto, con una menor prevalencia de DM y SM. La fibra

soluble parece no disminuir el riesgo de diabetes mellitus en estudios observaciones y en

un metanálisis que incluía 328,212 aciertes. La fibra insoluble, sin embargo, se asocia a la

disminución del riesgo de diabetes mellitus.

La dieta mediterránea, definida como una dieta saludable, se caracteriza por un elevado

consumo de verduras, legumbres, frutas, frutos secos, cereales integrales y aceite de

oliva, bajo en consumo de grasas saturadas, moderada-alta ingesta de pescado,

moderado-bajo consumo de leche y queso, baja ingesta de carne roja y una moderada y

regular ingesta de vino con las comidas. Diversos estudios basados en la dieta

mediterránea han demostrado disminuir la incidencia de DM y el número de

complicaciones asociadas al SM.

En un estudio realizado por Knoops y col, la dieta mediterránea se asoció a una reducción

del 50% de mortalidad asociada a todas las causas, en adultos de 70 - 90 años,

sugiriendo su impacto global sobre la salud.

En cuanto al consumo de micronutrientes, minerales tales como magnesio, calcio,

potasio, cinc, vanadio y cromo, disminuyen la resistencia a la insulina, y así se han

relacionado con la disminución del riesgo de desarrollar DM.

Es importante considerar que numerosos autores afirman que la reducción del peso,

hasta alcanzar el considerado normal para la edad y el sexo de cada individuo, es por sí

misma capaz de reducir de forma muy importante la prevalencia del SM en más de la

mitad de los pacientes

Se debe visitar a un médico y nutriólogo para el tratamiento adecuado, integral y

personalizado

 Albornoz, R. y Pérez, I. (2012). Nutrición y Síndrome Metabólico. Nutrición Clínica y

dietética hospitalaria, 32 (3) 92 - 97.

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